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23 agosto 2015

Una mierda todo, ya sé

Entro a un local, camino con cierta decisión hacia el mostrador. No es: wooo, qué decisión tiene el chabón, pero bueno, me defiendo. Hay dos empleados. Están al pedo, charlando entre ellos. Un paso más, dos, tres. Es el local más largo del mundo. Medio metro me separa. Ellos dejan de hablar y me miran. Los dos me miran a mí. Sus dos pares de ojos recaen sobre mi persona. Me miran directo a los ojos, y me escanean de arriba abajo, pero no mal, sino como aguardando amablemente mi inquietud como potencial cliente.
Ahí sucede.
¿A quién miro?
¿A cuál de los dos me dirijo?
¿Cómo encaro la pregunta, la consulta, la duda?
¿Cómo corno rompo ese estado?
¡¡Los dos chabones me están mirando exactamente con la misma actitud!!
Loco, ¿por qué me miran los dos?
¿Por qué uno no espera por mi consulta y el otro atiende sus cosas en otro lado?
Mi elección de a quién mirar, desactiva automáticamente al otro.
Mi decisión, sea cual sea, va a dejar mal a uno de los dos empleados.
Mi inclinación por uno va a decir, “¿Sabés qué?, creo que él tiene mejor impronta de vendedor. Vos, en cambio, me das medio nabo”.
20 centímetros.
El corazón se acelera
Revoleo la mirada por el local estirando el momento.
Antes exageré, ahora sí es el local más largo del mundo.
10 centímetros
Listo, tengo que elegir.
Sea lo que sea tengo que mirar a uno.
Llego al mostrador, resuelvo sin resolver nada:
Hago mi consulta alternando la miradita como un boludo.
Primero a uno: “Hola, si ¿qué tal?”, después al otro: “Estaba buscando unos regatones anatómicos de goma”, para volver la mirada al primero. “así, como estos…”.
Una mierda todo, ya sé.

Sebastián Culp
2015

16 febrero 2015

Soy tan culpógeno que un libro que me prestaron me puede durar medio año, ahí, sobre la mesa de luz, acechándome, porque no me “enganchó”.
Porque, es obvio, ¿cómo me voy a atrever siquiera a devolverlo si no lo leí? 
Él, que pensó en mí; él que un día dijo: “este libro es para vos, vas a flashear.”.
Ohhh, Diosss, ahí siento como un puñal cargado con toda la culpa de la historia del mundo me atraviesa el pecho cuadro a cuadro, como cuando a Rafa se le rompe el corazón porque Lisa le dice que no lo quiere.

Y el libro en la mesa de luz me mira, día tras día, noche tras noche. Una vocecita me dice: “Leeme, leeme, leeme”. Y lo intento, no es que no. La culpa es tan grande que lo intento. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Pero no. No me engancha.
No me engancha.
Pero no lo puedo devolver.
Y hay algo más grave, tampoco puedo pasar a otro libro
Pará, pará, pará, ahí explico.
Si este libro es una novela, sí puedo leer otros de historietas, una revista, un cuadernillo de chistes verdes o la Penthouse, pero NO puedo pasar a otra novela. No hasta que termine esta.
Entonces lo dejo ahí, lo tapo con otros libros para no verlo. 
Pero lo siento, siento como late y late, como un corazón delator.
Siento que me estoy pasando toda la buena predisposición de mi amigo por el escroto; siento como me paso su buena opinión que tiene de la literatura por los dos huevos, pero muy lentamente. Primero por uno, dando toda la vuelta, y después por el otro.

Me siento un ser despreciable. Un mal amigo. Merezco que nunca más nadie me preste ni me recomiende nada, ni un mísero link, ni siquiera que me conviden una DRF de anís. Es la más fea, pero no la merezco.

Sebastián Culp
2015

30 diciembre 2014

Soy freelance

Toda la verdad sobre trabajar desde tu casa
Por Sebastián Culp


Como que la gente tiene una fantasía un tanto errada con el freelancismo. No ven la unidad. Sólo escuchan la parte de “trabajo en mi casa” y se vuelven locos.

Hablo con una persona que no conozco del todo. Temas van, temas vienen. No tarda en llegar la pregunta:
—¿De qué laburás?”.
—Soy redactor, escribo. —le respondo

Me pregunta algo del horario y le digo que no tengo horario, soy freelance.
Esa palabrita mágica.
Freelance
Una simple palabrita.
Freelance

—Uhh, qué bueno ¿¿trabajás en tu casa?? —arremete.
—Sip.
—Naaa, es buenísimo!!

Sí, está bueno. Desde ya. No viajo en colectivo todos los benditos días, haciendo exactamente el mismo camino, que después de unos meses, cada detalle, cada cosa que ves te empieza a pesar como un yunque en LA alma. Después de un tiempo viajando ida y vuelta todos los días sabés el recorrido exacto del colectivo. Podrías agarrar el volante y manejar vos. Conocés las calles, las cortadas, las casas, las esquinas, los chinos por cuadra y los grafitis. Lees esas pintadas una y otra vez y te querés morir. Lo sé. Y ni hablar de la gente. Siempre la misma gente despreciable. Las mismas caras de dormidos a la mañana y las mismas caras de infelices agotados a la tarde-noche. Y todo se complica un poco más si viajás a la hora pico.
Ni que hablar si es viernes.
Ni que hablar si es viernes vísperas de un fin de semana largo.
O si es diciembre
Vísperas de navidad o año nuevo.
Lo sé.
No te comparo.
Yo estoy sentado en mi casa.

Si no me quedé a trabajar a la noche, me levanto 9, 9 y pico. A veces incluso a las 10.
Sí, puedo elegir el horario. Sí, sé que pensás que soy un hijo de puta.
Ya lo sé.
Me levanto a las 9. Hago pis. Prendo la computadora y voy a la cocina.
Prendo la radio. Hago mate. Tomo algunos, le doy de comer a Mclovin, salgo al patio, miro un poco el sol y voy a la computadora con el mate y el termo.
Lo que uno tarda en desayunar, cambiarse, salir de su casa, esperar el bondi, viajar, llegar a la oficina, saludar a los pelotudos de los compañeros, ir a la computadora o dónde sea que trabajes, y ponerte a laburar pueden pasar casi 2 horas.
Yo tardo 15 minutos.
Si quiero menos. Pero 15 minutos creo que está bien. 
Ahorro mucho tiempo, sí, es cierto. 

Me pongo a trabajar.
Solo
En silencio. Bah, con la radio. Pero sin barullo.
Trabajo, solo.
Sin nadie que me moleste.
Solo yo y mi alma.
Estoy tan solo que podría caer desmayado que nadie se enteraría.
Podría morirme y hasta que no haya olor no se enterarían de mi muerte. 
Al cabo de 4 o 5 horas me quiero agarrar un huevo con el teclado y el mouse.
Entonces ¿qué hago?
Al mediodía busco una excusa. Puede ser salir a comprar algo para comer. A veces resulta que tengo todo o lo justo para comer. 
Bueno, salgo igual.
Compro pan, compro una palta, tomates, compro algo para acompañar lo que sea que voy a comer.
Como solo
Como en silencio.
Solo.
Bueno, con la radio.
Ok, hay otra cosa que también es cierta pero nunca nadie te dijo: A veces cuando como miro una serie. Sí, sé que te estoy cagando la vida con esto. Pero bueno, te quiero contar la verdad. Mientras como me clavo un capítulo de, no sé, Person Of Interest, algo en youtube o lo qué sea que esté viendo. 
Después viene esa hora muerta.
Las 3 de la tarde.
Miro la cama de reojo. Está tan cerca, me podría tirar un ratito.
Bueno no, no puedo.
Hay que tener una voluntad estoica.
Sigo.
Hago lo que puedo. 
A eso de las 4 agarro ritmo de nuevo.
La cosa es que a las 6 de la tarde me quiero deletear la chota.
Todos corren a sus casas a refugiarse, vuelven a dónde pueden sacarse los zapatos, cantar a los gritos y tirarse pedos. 
Bueno, yo a las 6 de la tarde necesito un pasaje a la concha del mono. Necesito salir a la puta madre que lo parió.
Quiero calle.
Necesito aire
Pasto.
Ver gente
Hablar.
Nunca en la vida quise sociabilizar tanto como un día de semana a las 6 de la tarde.
Y digo las 6 de la tarde no porque tenga que respetar ese horario, sino porque si me agarra el atardecer en mi casa me hundo. Me deprimo hasta el infinito. Necesito ver un poco de día, lo que queda de él. 
A las 6 de la tarde huyo.
Me busco actividades.
Me las invento
Cualquier cosa que sea ESTAR AFUERA DE MI CASA es buena.

Otro tema que nadie te dice de trabajar en tu casa son los cortes de luz.
Si se te corta la luz en tu casa a vos, que trabajás bajo relación de dependencia, es un bajón, pero bueno, te vas a la empresa que seguro hay luz y podés laburar. (Y si no llegara a haber luz en la oficina, listo, ¡Fiesta!) Después, a la vuelta ves, quizá ya haya vuelto.
Bueno si a mí se me corta la luz, no sólo no puedo ver para cortarme las uñas de los pies, sino que no puedo laburar. Y sino laburo no cobro. Y sino cobro... bla bla bla. (La cantinela típica del freelance).
Está bien, me voy a un ciber, me vas a decir. 
Sí, puedo ir a un ciber con olor a perro muerto.
Puedo ir a un ciber y escribir en ese teclado que parece laminado por la grasa de los dedos de infinidad de cristianos que van desde el origen de los tiempos.
Teclas donde para escribir necesito oído absoluto: Al tocar una tecla tengo que deducir por el sonido de qué tecla se trata. Si es una “S”, una “O” u otra “S”. (¿Sabés leer entre líneas?)  
Sí, tengo netbook, puedo ir a un bar. Está bien. ¿Pero quién me paga lo que consumo? ¿Se lo agrego al presupuesto del laburo?    

Y por último y SÍ por eso LO MÁS IMPORTANTE, es la plata.
Todos festejan el “¡¡Trabajás en tu casa, que bueno, boludo!!”.
Pero nadie pregunta: ¿Cuánto cobrás?; ¿Cómo te pagan?; ¿Por laburos o fijo por mes? ¿TE PAGAN POR LABUROS?? ¿Cuándo te pagan?; ¿Te dan trabajo seguido o cada tanto?; ¿Tenés varios empresas, digamos, que te van dando distintos laburos o una sola que te va tirando lo que necesita?; ¿Le facturás?; ¿Sos monotributista?; Ah, y te lo pagás vos ¿no? ¿Y si un mes no te dan ni un solo laburo, qué hacés?; ¿Tenés una alternativa?; ¿Tenés ahorros?; ¿¿¿Tenés que pagar el monotributo igual??? ¿Cómo carajo hacés sino tenés ni un solo laburo en el mes?
¿Ah, es variable? ¿Un mes te puede ir más o menos bien pero otro te puede ir como el orto? ¿Y qué hacés? ¿Cómo hacés? ¿Cómo pagas los gastos? Te gusta mucho el arroz, ¿no?

A todo eso le respondo con una mágica palabra.
Una sola palabrita sale de mi boca: Freelance. Soy freelance.  


Pero está bien. No me quejo de cómodo, ni de lleno, no quiero lo que no tengo. No quiero algo fijo porque soy freelance, y viceversa. Me gusta este trabajo, tiene un montón de comodidades, y me gusta. Lo hago con ganas, es lo que estudié, y lo que quise hacer siempre. Nada más narro, expongo, te cuento lo que quizás nadie te dijo, te cuento algo que ya sabés o deberías saber, te cuento, amigo mío, que el trabajo ideal no existe (al menos por ahora). 

Pero bueno, ya sos bastante grandecito, lo deberías saber, yo sigo acá meta y meta teclear desde mi casa.
Que podría ser peor, podría estar adivinando las teclas en un ciber con olor a perro muerto.




24 diciembre 2014

Sentimiento Navideño:

Desde que soy un tierno e ingenuo niño hasta el día de la fecha, me pasa que al ver los árboles de navidad con bochas de regalos de utilería en el hall de los edificios me da unas ganas terribles de entrar y abrir los paquetes uno a uno. 

No me jodas, ¡ahí hay regalos de verdá!




26 julio 2013

Autoboicot

Estornudo seguido de mordedura de lengua = Autoboicot 

Te agarran ganas de estornudar.
Viene, se va, viene, se va. Mirás a la luz, viene, viene. Parece uno de los estornudos más fuertes de tu vida, seguro va a estar en los momentos a recordar cuando estés en peligro de muerte.
Viene, viene, viene, viene: aaaa, aaaaaa, aaaaaaaaaa-CHAAAAAAUUUUOOOSSSSSSSS-AAAUUUUCHHHHGGRRRREKSMCVJSASKCMS!!!

Con semejante alarido te mordiste la lengua.

Listo, la cagaste. Todo ese placer, ese orgasmo de resfriados y alérgicos se transforma en dolor, en desgarro bucal, en una futura y ardiente afta.    

Andá sacando un turnito con el estomatólogo, fracasado! ni un estornudo como la gente podés hacer...  y con el psicólogo, por el temita ese de no poder disfrutar de los placeres de la vida.  

_____________

P.D.: HOY termina el concurso más magnifico de la internet. Todo acá: http://www.bigotefalso.com.ar/2013/07/espectacular-concurso-de-bigote-falso.html

24 enero 2013

Farmacity me debe 2 lucas


#37
El negocio de la falopa legal, te coge de parado. 
PorCulp 

Quizá exagero con el monto. Pero resulta que cada vez que voy a ese mini emporio de la medicina moderna, siempre la cajera de turno “me ve la cara”.

Pago los productos X, que dan por suma una cantidad X, y la empleada con su mejor cara de póker, siempre, (o sea, SIEMPRE: si fui 10 veces en el mes, ¡LAS 10 VECES!) me suelta muy ligera la pregunta: “¿te puedo deber 10 centavos?”.

Las primeras veces mi boca habló casi automáticamente: “buen”.
Después de la tercera vez empecé a sospechar. (Sí, a veces soy un poco lento para darme cuenta de ciertas cositas, ¿¡ok!?)

Detengámonos un segundo en la pregunta de la cajera de esta ciudad de la droga:
“¿Te puedo DEBER 10 centavos?”

Analicémosla.

Ok, VOS me vas a deber a MI 10 guitas. 
O sea, me vas a deber, vas a estar en DEUDA conmigo.
No hay drama, pero como es TU culpa, (sos un comercio –enorme– y NO tenés el cambio necesario), no hace falta que venga a comprar nada. Paso mañana, antes de ir al laburo a buscarlos, ¿qué te parece?

Eso es lo que cualquier ciudadano de bien entiende por “deber”, por el concepto de “deuda”.

Pero no, la cajera, ese instrumento del mal, no tiene ni la menor intención de que aquello suceda.
Es, entonces, una mentira más grande que una casa; una estafa lisa y llanamente, un manoseo fino de orto, una toqueteada de cantos con guante blanco.

La traducción a esa “inocente” pregunta es la siguiente: “Che, cara de balde ¿te puedo re-contra cagar 10 centavos?” 

Los números no mienten:
10 centavos por pelotudo.
A razón de 100 pelotudos (quizá más) por día = 10 pesos.
Al mes son 300 pesos.
Al año 3.600 pesos.

¿Entonces qué vas a hacer la próxima vez que necesites caramelos para la cabeza o una pomadita para los hongos?

Si sos terco e insistís con farmacity, bueh, pero exigí los 10 centavos a como de lugar, inmolate si es necesario.

Desde acá fomentamos (y lejos de algún tipo de melancolía barata) que vayas a la vieja farmacia de barrio, la cual nunca deberías (deberíamos) haber abandonado. 


Nota al margen: Cada vez que estoy en la cola de farmacity, ese laberinto de chocolates, caramelos, papas fritas y pilas triple A, siento que el capitalismo me hace caca en la cara.    
Amén. 

31 diciembre 2012

Reflexión de fin de año:

#36
¿¡Almanaques para todos!?
PorBigoteFalso

Hay una cosa que no nos deja dormir tranquilos por esta época y no es el calor extremo ni la ingesta de toneladas de comida (pesada, comida de invierno, ese es otro tema que da para largo) ni los cohetes, sino esa costumbre de los comercios todos de regalar almanaques.
Almanaques de colores.
Almanaques grandes, chiquitos, para pegar en la heladera, para apoyar en el escritorio, almanaques del tamaño estándar, esos chiquitos para usar ¿en la billetera?, ¿junto a la fotos de tus hijos? Naah, ¿en serio pretenden que uno ponga ese almanaque con foto genérica (casi siempre de gatitos o de infantes de apenas meses de vida) en la billetera? Bueh!

Almanaques de la farmacia de barrio
Almanaques del súper chino
De la panadería
Del laverap, de la tintotería (lejos son los más geniales)
De la pizzería
Del quiosco
¡Hasta de la comisaría hay!

¿Por qué esa costumbre?
¿Por qué? ¿Es necesario?
Si la verdad (alguien tiene que decirlo) son más feos que la mierda. Son mersas, grasas, de mal gusto.
Nunca nadie en su sano juicio usó uno de estos almanaques (exceptuando, claro, los gerontes mayores de 70 años que, por alguna inexplicable razón, los consideran útiles y adorables). Pero todo así, se guardan. Decís: “No, por las dudas, uno nunca sabe cuándo se va a querer saber que día cae el 22 de julio”.
Pero la verdad más verdadera es que lo dejás en el fondo de algún cajón, o en la mesita del teléfono y nunca atinás ni a mirarlo. Terminás viendo el calendario en el celular, o en internet. O quizá (y esto es lo peor) sí lo colgás en la heladera, pero nunca jamás lo mirás, queda como un adorno. Uno más.
  
Entonces ¿por qué? ¿para qué?
¿Por qué los comercios mandan a imprimir 1.000, 2.000, 5.000 almanaques cada año?
¿Por qué quieren imponerse? Porque su idea es que uses el de ÉL, el de ESE comercio.
Ellos creen que son mejores que los demás, creen (y están convencidos) que ese almanaque con un Papá Noel medio deprimente abrazando el logo de su comercio, es mejor que aquel otro, el de regias postales de paisajes que no terminás de saber en dónde queda eso. (Pero ellos se jactan: “es lindo, ¡no me digas que no!”).

Sí, es lindo, decimos.
Pero pensamos “¿dónde mierda voy a poner esto?”. Eso cuando estamos enfrente a él. Porque cuando salimos, cuando caminamos por la calle, o ya en nuestras casas pensamos “¡Lo tiro ya!”. Pero después nos da lástima o no sé qué, y no lo tiramos. Queda ahí, en los lugares ya mencionados.

Por eso decimos de acabar con el flagelo de los almanaques de comercios de fin de año. Decimos que debemos ponerle fin. Ellos que imprimen cantidades industriales de esos calendarios nefastos y nosotros que los recibimos como si nada pasara, resignados, sumisos, como si fuera obligatorio. 
¡No, digámosle basta!
¡Basta a los almanaques berretas de fin de año!

Es un mensaje de todo Bigote Falso.
Feliz ingesta para todos, y por un 2013 muy-muy arriba (y sobre todo sin almanaques).  

Acá una estampa a modo de ejemplo




20 julio 2012

Viaje al Centro de la Psique


#35
El más infeliz gana
PorRodríguez

Hay una tendencia en la sociedad toda que consiste en hablar de sus trabajos; del transito, de los baches, de los colectivos, del subte y de la calle en general; de los madrugones; de lo mal de tal cosa; de lo mal de tal otra, pero desde el lugar de victima. Poniéndose por encima de todos pero para ir bien al fundo, a la miseria más profunda, tirarse un clavado en la materia fecal; como diciendo: ok, yo soy el más sufrido, compadézcanse.  

Me rompe soberanamente las pelotas esos gritos de guerra donde te comparan una vida con otra. Donde comparan lo incomparable. La vida que cada uno fue armando, como pudo, como quiso, según lo que hizo, lo que dejó de hacer, la cuota de suerte, etc. etc. etc., no se puede comparar con otra, es simple. Cada uno armó, a duras penas, eso que tiene, cada acto es una consecuencia de una sucesión complejísima de su pasado, de sus movimientos y sus quietudes. Por eso, cualquier tipo de comparación resulta pueril, hueca, estéril, pe-lo-tu-da!

Pero igual esta fuerza es incontrolable, se oye: ¿8 de la mañana? Dejate de joder, yo a esa hora ya había hecho 10 cosas. Otro: Noo, yo a las 8 ya estaba de vuelta!

No entiendo, ¿quieren ganarle a alguien? ¿Quieren ser el capo mundial del sufrimiento? ¿El más infeliz de todos?   

Las charlas pasan a ser competencias declaradas:
Individuo 1: “Yo me levanto 7 menos cuarto”.   
Individuo 2: “6 am”
Individuo 3: “A las 5 arriba papá”
Individuo 4: “4:31 suena mi celular, menos cuarto ya estoy bien despiertito haciendo café. 5 en punto estoy esperando el bondi como un duque”.

Silencio absoluto, el individuo 4 le ha pasado el trapo a todos.

Pero a mi no, yo no me cayo:
Listo, ganaste. Sos el más sufrido boludo!
Anda a cagar.

Y la cosa sigue. Porque ahí el que se levanta a las 7, contrataca con que el de las 5 en realidad tiene un trabajo desde su casa. No viaja, no tiene contacto directo con jefes ni con compañeros pelotudos; el de las 6 salta, diciendo que el de la 4:31 tiene 20 minutos de viaje y un sólo colectivo. El de las 5 se alía al de las 6 (nada peor que un aliado en esos términos) y arremete contra el de las 4:31, diciendo que encima en el laburo lo esperan con cañoncitos de dulce de leche y tortitas negras.

Y la cosa sigue; bardean y se ríen del que “menos” labura; del que tiene un laburo “liviano” o en apariencia más tranquilo; del que no labura los sábados; del que no tiene jefes y labura por su cuenta; del que es jefe y llega a la hora que se le canta y la lista sigue. Interminable. Insufrible. Infumable, loco.      

Y listo, ahí entramos en un mundo paralelo donde esa competencia es no sólo valida, sino que es lo único que realmente importa.

Intentando volver a este universo le pego un grito al rey de los pelotudos “sufridos” y mato la charla de un saque y con justicia: 

“Ganaste boludo, sos el capo del sufrimiento, el más infeliz, el más pobre pelotudo de todos, me das lastima. Es lo que querías ¿no?”.

22 junio 2012

Viaje al Centro de la Psique


#34
Especial: Amigos “especiales” II
PorRodríguez

INTRODUCCIÓN

La mañana, esa consecuencia inevitable obra y gracia de la rotación de la tierra, el sol y la mar en coche. La mañana llena de vida, de energía. Abrir las ventanas, el sol que nos da en la cara, el ambiente fresco, y todas esas cosas. Sin embargo la odiamos. O bueno, por ahí no es odio, pero es casi inevitable que al levantarnos no deseemos que sea sábado, feriado o que una nevada de último momento e inédita haya tapado las calles, la entrada a los trabajos, los colectivos, las vías del tren, las bocas del subte y la bicisenda. Al sonar el despertador lo único que deseamos con todas nuestras fuerzas es quedarnos entre las sabanas. Acurrucados en ese útero artificial, en ese paraíso rectangular, en ese lugar a salvo del frío, del sueño, de TN y de todos los males del mundo. Pero No, somos adultos responsables y debemos levantarnos y hacer eso que se llama vida.
Pero debo decir que esta situación horrorosa es ahora menos mala gracias a mis amigos y a lo denominado “tertulias neurótico-obsesivas”. El nombre lo acabo de inventar, la verdad que la dinámica es de lo más normal. No nos juntamos para “eso”, no planeamos nada. Simplemente sucede: una cena, un cumpleaños, alguien que se recibe, el día del amigo, una juntada porque sí, un encuentro casual. Lo que sea. La cosa es que algo fantástico pasa cuando nos vemos las caras, cuando nos reunimos en alguna casa, un bar, un tugurio, el destino que sea. Vamos llegando, nos acomodamos tranquilos, no tenemos ningún apuro, sabemos que el momento va a venir, sabemos que aunque estemos hablando de astrofísica, del sexo a los 30 o de la educación del hijo de alguno, vamos a llegar a lo nuestro. Sabemos que siempre vamos a desembocar en eso. El lugar adonde queremos ir. En donde nos sentimos cómodos, por alguna extraña razón.
Bueno, la cosa se va caldeando, los cachetes se van poniendo colorados, las venas de la garganta y de la sien ensanchando, algunos se paran para hablar, otros mueven las manos o revolean alguna servilleta de papel hecha un bollo. Listo, todo indica que estamos donde queríamos. Es hora de empezar, a lo nuestro.

TEXTO
Tema: La mañana.
Para engañar a ese momento desagradable, Romi confesó que hace o hacía, desde la convivencia con Osvaldito ha dejado esa práctica (ya contaremos lo que hace él), lo siguiente: falsear la insufrible situación de despertarse. Esto es, poner el despertador para la mitad de la noche, para más o menos, las 3am. Sí, están leyendo bien; las 3 de la mañana! Solamente para despertarse y sentir que aún faltaban, al menos, 4 horas de sueño. Que genialidad! A ese grito osado de Romi, se le fue sumando gente: Caro, Pablo y pidiendo expresamente que pongamos su nombre completo: Fernando A. Patti, con orgullo, sin ningún tipo de pudor o complejo, empezó a enumerar las infinitas ventajas de tal recurso: “La sensación de irse a dormir es tan placentera, que no es suficiente disfrutarla una sola vez por noche. O sea, te vas a dormir. Todo muy lindo, pero después te dormís y listo. Permanecés inconsciente por más de 6, 7 u 8 horas, sin darte cuenta, sin disfrutar concientemente de la cama. Entonces pongo el despertador para la mitad de la noche, para volver a sentir esa sensación linda de irte a dormir”.
¿Se puede agregar algo más a esta clarísima declaración?          
Tan simple, tan cierto. Si en esa práctica no está la verdadera vida, no sé dónde está.
Y luego concluyó diciendo que lo hace ¡TODAS LAS NOCHES! Un claro rasgo de su personalidad, metódica y disciplinada. Sin dudas.   

Otros tantos empezaron a revelar otra patología: tener el reloj (hoy día en el celular) adelantado unos minutos para contar con un “changüí”, sea en la cama o para llegar al trabajo o al médico. Pero a algunos, sospecho que los más complejos pero también los más interesantes, a veces este sistema les juega en contra. Porque si somos nosotros los que adelantamos el reloj, no tardaríamos en especular con eso. Suena el despertador 7:05, pero sabemos que en realidad son las 6:45. Entonces ya no sirve de nada. Yendo todavía un poco más allá, quizá el más retorcido de todos; Pato, siendo víctima de esto (en realidad de sí mismo) adelanta el reloj, sin mirar. Esto es: haciendo un movimiento de manos, confuso, tocando todo a la vez y girando la cabeza para otro lado. Toca las perillas de las agujas o botones del celular sin saber cuánto lo está adelantando. Sospecho ahora, que quizá hasta hay una remota posibilidad de haberlo atrasado. Esto cambia el panorama por completo. Lo que antes era una manera del placer, ahora resulta una tortura. Antes era para disfrutar un rato más la cama o para no salir corriendo. Ahora es todo lo contrario. Ahora es correr aunque sean las 4am. Ahora es ir con el culo en la mano a todos lados. Estar alterado de una manera gratuita. Este método muy anti-ayuda, sin dudas es digno del desviado Pato. Y me gusta.

Para terminar quiero decir tres cosas: la primera lo que estaba pendiente; Osvaldito es de esa gente que ni bien suena el despertador, listo, ya está como si fueran las 11 de la mañana. Pasa de estar dormido a estar completamente despierto. Insólito, no tengo más que admiración. Yo soy de los que necesitan un tiempo para reponerse, mínimo media hora, quizá más, y unos 25 mates aproximadamente, antes de poder hablar con otro ser humano.
Segunda cosa: El genio de Fede, gran pilar lateral izquierdo (guiño) pero jugador de toda la cancha, para ganar algunos minutos de sueño a la mañana (valiosísimos minutos) deja preparada ,desde la noche anterior, la ropa que se va a poner. Pero no así nomás, no. No es un improvisado, ni un outsider de la moda. Arma un cadáver de ropa (el concepto es de antología), repito: un ¡Cadáver de Ropa! en el piso para ver si ese jean pega con esa remera y si aquel buzo queda a tono con esas coquetas zapatillas. Un genio!!! No me digan que no.            
Y la última, volvemos a Pato. Apenas se levanta, todavía entre dormido, se hace chistes así mismo y sale para al baño riéndose. Otro chiste que considera “muy bueno” y se lo autofesteja. Es el humorista y el público a la vez. No sé de dónde viene esto, pero ¡¡es brillante!! Aunque roce lo psicótico, es brillante. Según confesó, solamente lo practica puertas (mentales) adentro. No sea cosa que alguien lo vea reír como un demente caminando por toda la casa, y gracias a su “confiable” método de despertarse, a eso de las 4 de la mañana.      

24 mayo 2012

Viaje al Centro de la Psique


#33
Evangelistas del Facebook
PorRodríguez

Últimamente tengo un problema. Bah tampoco es un problema, sino algo que se viene repitiendo y me rompe bien las pelotas.

En una charla eventual con mis amigos, amigos de mi novia, primos segundos, hermana, gente del “medio” (dios, que mierda decir gente del “medio”) como de la nada sale una especie de sugerencia, de sugerencia en calve enfática, de pregunta encubierta; no sabés si va con signos de exclamación, o si es una pregunta declarada. No sabés si es un reclamo, una orden a acatar o qué cosa. 

Como de la nada dicen: “¡¿Por qué no te haces un Facebook?!”
Repito, por la forma en la que lo dicen no sabés a donde ponerle la acentuación. ¿Me estás preguntando o me estás “invitando” a la reflexión, a que recapacite o algo?  
En los dos casos es un reclamo.
En ambos casos me rompe las pelotas por igual.
Me subestima, me invade.

Primero: es ponerse por encima, es pedante, es de mandón, de superado:
“Yo como soy capo, y tengo Facebook, te invito a vos que no sos tan capo a que con una cuenta de Facebook seas capo como lo soy yo.”    

Segundo:
¿Por qué me tendría que hacer una cuenta?
¿Me estoy perdiendo de mucho?
¿Por qué te interesa tanto que yo esté ahí?
Sé que no tenés acciones, ni que el bueno Zuckerberg te paga por cada nuevo usuario registrado.  
Entonces ¿por qué querés taaaanto que me una a esa comunidad? 
Te juro que no entiendo.
La conozco, entré con gente que tiene cuenta a ver un videito, a ver comentarios o alguna información y no me pareció gran cosa. Sí, útil en ocasiones, pero no imprescindible.
No sé que lo diferencia de los blogs o de otras comunidades.


Lo respeto igual. No digo que esté mal tener una cuenta, lo que no entiendo es por qué esa “militancia”, ese evangelismo fanático.

¿Qué, teniendo 297 amigos te sentís solo igual? ¿Querés llegar a mil, a 10 mil, a un millón?
¿Te sentís mal compartiendo toda tu vida vos solo, querés que todo el mundo comparta sus miserias? ¿Necesitas que todos vean y vos ver las miserias de TODOS?

“Comiendo fideos y tomando un rico vinito con Fer”

“Fin de en Mar Chiquita: Acá les dejo las 325 fotos!”     

“Volviendo a casa en el 106. Odio a la gente”

“Feliz cumple pa!!!! Una de las dos únicas personas que quiero en el mundo!”
   
“Al fin llego el día... esta noche parto a Costa Rica!!”

“Vamos amor cada vez falta menos! iupiiiiiiiiiiiii!!!!!!” (quééé? De que hablas?)

“Que lindo dormir hasta tarde diossss!!! que suerte q mi bebu ya creció y no llora más de nocheeeeeeee”

“Mi masa casera de pizza es Todo!!!”

“Si alguien me engaña lo crucifico de por vida, forever ok?


Sin palabras.

Por su puesto que pensar que toda la gente usa esta “magnifica” red social para cosas como esta, sería errado. También se usa para garchar, para reencontrarse con ex compañeros del colegio (que no hacía falta reencontrarse) y para garchar. (Ah, ya lo dije!).

No, enserio. Hay gente que lo usa con fines comerciales o para dar a conocer su trabajo social, artístico etc. Sobre todo las “Fanpage”, donde el acceso es libre. Si uno no tiene cuenta no puede poner el tan afamado “me gusta” pero puede ver la información. Suficiente. (Dicho sea de paso el nuevo diseño de estas fanpage es insólito. ¿Por qué hay dos columnas? ¿Qué es lo nuevo que se va posteando; del lado derecho o del izquierdo? ¿Por qué en algunas hay información repetida?). 

En conclusión:
Que se entienda bien, mi descargo no es con Facebook, sino con la gente.
Es para ellos este grito de guerra, porque no tengo nada en especial ni con Internet en general, ni con Facebook en particular. No me hago el snob, ni el que estoy afueras del mundo. Me gusta Internet; tengo varios blogs, cuenta en youtube, en taringa, en mercadolibre. 
Que sé yo, se dio así. Cuando Facebook se popularizó, no me hice y ahora no tengo ganas.

Al finalizar la charla con el grupo de amigos de turno digo:
–¡Ah che, pero me hice un Twitter!
–¡¡¡Dejate de joder!!!! –Me dicen con un recelo que sigo sin poder entender.  

07 mayo 2012

Viaje al Centro de la Psique


#32
Segundo registro de obsesión conciente
PorRodríguez

Cuando era chico me cansaba, me agotaba la sola idea de tener la necesidad de respirar, pestañear y tragar saliva a la vez. 

Al racionalizarlo me volvía loco. No sabía qué hacer primero y qué después. Cada cuánto respirar, cada cuánto tragar saliva y/o pestañear.

Me pasaba en momentos muertos de la vida; a la hora de la siesta, en alguna sala de espera, en una clase de matemáticas, (dónde claramente no prestaba atención), o cuando me iba a dormir sin sueño.

A parte de ser uno de los primeros acercamientos a mi lista de obsesiones o manías. Creo que fue también una especie de primer crisis existencial. No sé cómo explicarlo, pero esa sensación me generaba angustia, un vacío raro, tendría más o menos 10 años. 
Pensaba que a medida que iba a ir creciendo, se iba poner cada vez peor. No me entraba en la cabeza, como la gente podía vivir así, con semejantes “tareas”: Pestañear, tragar saliva y respirar. Acciones interconectadas entre sí, en simultaneo e intercaladas, respetando una suerte de ritmo, de melodía muda, de coreografía invisible. Demasiado trabajo. Demasiada presión para un chico de 10 años. 

Y cuando me pasaba, a su vez pensaba que me estaba pasando. O sea, era conciente, decía: “oh no, ahí viene de nuevo”; “Ahí me está pasando otra vez”. 
Y me desesperaba pensar en pensar.
Me volvía loco.
Y lo peor es que no se lo podía decir a nadie. Me lo tenía que tragar. Por consiguiente una nueva carga. Al martirio de pestañear, tragar saliva y respirar se le sumaba el No poder compartirlo, el no poder sacarlo afuera.
Pensaba que iban a pensar que estaba loco. Y yo sabía que les pasaba a los “locos” de mi edad: Directo a la psicopedagoga. (Más tarde me mandaron pero por otro motivo que no viene al caso).
Entonces me callaba la boca. Era algo que enfrentaba solo. Era yo y esos pensamientos laberínticos. Yo y la obsesión de pestañear, tragar saliva y respirar, cara a cara. Otros se disputaban (entre compañeros) por un pebete de jamón y queso, por un bocadito “Holanda”, o por la pelota “Macu”, en la calle o en algún recreo. A mí, en ese momento, me tocó un duelo interno y secreto.       

Pero bueno por suerte acá estoy: Sano y salvo (?)

Por suerte con el tiempo fui mejorando (?)
O bueno, al menos, pude ir dejando de pensar al pedo (?)
Lo que es seguro que pude relajarme y disfrutar (?)

Por suerte sino, no sé que hubiera sido de mí y de la hermosa salud mental que luzco en la actualidad del hoy (?).  

Viaje al Centro de la Psique


#31
Odio las charlas eventuales con viejas chotas y mozos (en el orden que quieras)
PorRodríguez

Odio a las viejas en la parada del bondi, refugiadas de la lluvia o el sol, o simplemente apostadas al poste de la parada como si fuera radio 10 o almorzando con Mirtha Legrand.
Odio que me miren directo a la cara cuando bajo del cordón para ver si viene el colectivo.
Me explico: bajo del cordón, me asomo y miro al horizonte, el tiempo parece suspenderse por unos instantes, me siento un cazador, un suricato, pero cuando bajo la cabeza y encaro la vuelta a la vereda, las viejas me miran directo a la cara. Buscan en mi cara una expresión de “viene el bondi” molestísima. Dejame en paz, no quiero darte información de nada. No nos conocemos. ¿Qué me miras? Me molesta, me rompe bien las pelotas. Bajá del cordón y mirá vos vieja vaga. Si podes, no están tan hecha mierda.
Te conozco, sos de esas que da lastima para que le den el asiento.

El odio, por mirarme a la cara para ver si viene el bondi, en parte es porque el bondi NO viene. Me rompe más las pelotas, porque seguro que la vieja espera encontrar un interlocutor para hablar del transito, de la mala frecuencia de los colectivos y de la mar en coche. No, con migo no vas a tener esa suerte. Yo no hablo con viejas chotas, yo no hablo con gente que me incluye en sus opiniones de mierda. Yo soy de esos que cambio de bar cada dos por tres para no tener ningún tipo de relación con los mozos. Otros que me rompen las pelotas. Todos hablan de lo mismo, se paran ahí, cerca de tu mesa con la bandeja bajo el brazo y miran la televisión (casi siempre en TN) y comentan algo al aire, algo en voz alta, para que piques. Nooooooo. Con migo no.
Yo bajo la mirada y pongo mi mejor cara de póker. O a lo sumo apenas le sonrío y me paro para ir al baño, cualquier movimiento brusco que desconcierte es bueno. O la mejor es mirar el celular, mirarlo y hacer de cuenta que pasó algo, que alguien te mandó algo. Lo mirás, buscás en el buzón de entrada y haces de cuenta que respondes. Pero en realidad estás borrando mensajes o escribiendo cualquier cosa.
Otra es buscar algo en la mochila, esa no falla. Me meto de cabeza y revuelvo todo, me hago el que no encuentro y finalmente saco todo. Un libro, un cuaderno, una carpeta, lapiceras. Pongo cara de trabajo, pongo cara de preocupado, de “tengo un quilombo”. Doy vueltas, abro todo a la vez, miro la agenda, anoto algo, (hago que anoto), abro el libro y releo el índice, para cuándo levanto la vista el mozo se mando a mudar. Fiu. Listo, me apoyo sobre el respaldo de la silla y me digno a mirar por la ventana.
Otra guerra ganada, otro mozo espantado. Ya en ese bar no hay misterios para mi.

Pero volviendo a las viejas de la parada del bondi, ¿dije que las odio? sí, creo que si. Por eso hago la vista gorda, por eso uso anteojos negros, por eso me mantengo con cierta distancia en la parada, para evitar viejas, para evitar cualquier tipo de charla superflua y pelotuda. No es que me haga el profundo, pero ya se entiende ¿no?.  

28 abril 2012

El problema a la hora de pedir Delivery

PorCulp

No sé por qué guardamos tantos volantes de pizzerías, parrillas, heladerías, sandwiches de miga, sushi, rotiserías y comida china.      

Todos tenemos un sector destinado a estos volantes: un cajón, un folio, con una gomita elástica arriba de la heladera, una carpeta de 3 solapas desvencijada, pegados con un imán de alto poder en la heladera o simplemente uno arriba de otro sobre las páginas amarillas en la mesita del teléfono.
Creemos que están bien acomodados, nos mentimos a nosotros mismos. “No, si están bárbaros ahí, todos juntitos, ahí, en ‘su’ sector”. Pero lo cierto es que se van acumulando, la pila va aumentando de tamaño casi a niveles astronómicos sin darnos cuenta.

¿Para qué juntamos tantos? ¿Por qué los acopiamos, por qué los acumulamos y acumulamos? ¿Para qué, si después nunca encontramos el que buscamos o el que medianamente nos convence está totalmente desactualizado?

Se encuentran cosas increíbles, cosas como: “Che boludo, es imposible que una grande de mozzarella cueste 6 pesos! ¡¡Esto debe estar del 97!! Ni el local debe existir”.
O Vemos que hay una especie de sucesión de volantes: está el del 2009, el del 2010, y el del 2011. “Ok, me falta el del 2012 y lleno el álbum” decimos en voz alta aunque estemos solos.   

Y nos prometemos hacer una selección, nos prometemos “limpiar” el cajón y dejar sólo los útiles; 2 o 3 de pizzerías, uno de comida china, uno de una parrilla, la heladería de barrio y Munchis o Fredo (para cuando haya visitas). Pero nunca lo hacemos. Siempre la misma historia. Siempre el mismo problema a la hora de elegir, ¿todo para qué? Para terminar pidiendo en el lugar de siempre.  

24 abril 2012

Viaje al Centro de la Psique

#30
Especial: Amigos “especiales” I
PorSebastián

INTRODUCCIÓN

Tengo amigos “especiales”
En cada juntada con estos geniales especimenes me empapo de un centenar de tremendas historias.

Ellos piensan que voy porque los quiero, porque la paso bien. Bueno, un poco sí, pero fundamentalmente lo hago para escuchar historias, para recolectar casos increíbles, obsesiones que rozan lo patológico, manías poco menos que alarmantes.

Charlo sí, pero también agudizo el oído, le saco punta al lápiz, y les tiro de la lengua. Los agito para que se suelten y me/nos cuenten eso que tuvieron oculto por más de media vida, eso que se guardan con recelo y vergüenza. Los arengo para que se suelten, para que cuenten TODO. Porque en el fondo lo quieren sacar. Compartirlo, encontrar un caso parecido, sentirse acompañados, hermanados, menos solos, menos desgraciados, menos infelices, menos pobres tipos, menos... bueno, ya se entiende.       

Y ahora, en este lugar, sin ningún tipo de culpa voy a ir exponiendo uno a uno sus “temas”, una a una esas historias retorcidas. Porque merecen que el mundo las conozca. Es un simple acto de justicia. Una pelea que ganamos en vida. (?)    

Y acá es donde viene la parte que tengo que decir que para proteger su imagen, bla bla bla, voy a cambiar los nombres y ciertos detalles pero ¡No!. La cosa justamente es que seamos nosotros mismo, para así purgar toda esa mierda acumulada. Que esas historias de obsesiones se hagan carne, que vivan más allá de uno, que salgan y se paseen por la net toda. Y la única forma de hacer eso es con nombre y apellido, y/o apodo o motete. Y donde nuestras juntadas vendrían a ser, ni más ni menos, que seudo sesiones de psicoanálisis muy muy pedorras y de café, y yo un simple apuntador.   

TEXTO

Entre el barullo de una charla mundana y sobre temas más bien intrascendentes, como sin querer van surgiendo ciertos tópicos, ciertas cuestiones que enseguida despiertan la atención de todos. 
Las risotadas son inevitables, son claramente de vergüenza, se ven subir los calores y el volumen de la voz, es una mezcla rara de no querer contarlo con; “no hay nada que quiera más en el mundo que contar esto”. Esa sensación de lo prohibido, de lo intimo. 
Tema recurrente es que Casanova, miembro fundamental de esta cofradía, va de cuerpo, esté en su casa o en la oficina, sacándose la totalidad de la ropa, esto incluye HASTA el reloj. Caga DESNUDO para hablar mal y pronto. Afirma que las virtudes son infinitas, y nos invita a que lo hagamos, diciendo que, como la droga, es un camino de ida.
Pero la cosa es que siempre volvemos una y otra vez a este tema. Queremos saber más, preguntamos y repreguntamos las mismas cosas; quizá esta vez sume algún detalle que la vez anterior pasó por alto, quizá cuente algún día en particular. Casi siempre no hay mucho más, (ni mucho menos) es eso. Pero por alguna razón nos gusta escucharlo una y otra vez, como un chico le pide a su padre que le cuente el mismo cuento cada noche antes de dormir.

Pato, promotor y agitador nato, puede hacer un tema de charla “caliente” casi de cualquier cosa, nos sorprende con una nueva: nos dice que en ocasiones (pero acá podemos afirmar que lo hace siempre) ha lavado los huevos una vez desenvueltos del papel de diario. Pero no es por la tinta de las noticias viejas, ya que también lo haría si el envoltorio fuera el de cartón. Lo hace por que considera que “salen” sucios de la gallina (¡es genial!). Los lava con agua y DETERGENTE, los frega como si estuviera lavando los platos sucios. Su caballito de batalla es que al hervir varias cosas a la vez, de esta forma, evitaría el traspaso de algún tipo de germen. Al unísono le decimos que al hervir ninguna bacteria sería capaz de sobrevivir, ni hablar si se trata de huevos fritos, donde descartaría la cáscara. Así y todo, sigue y va a seguir, lavando los huevos con detergente. 

Elevando la voz, hace su aparición en escena Caro, con su energía y su seguridad, vapuleada injustamente por su sinceridad brutal, hace lo suyo, y dice que le resulta totalmente imposible cualquier tipo de contacto con los satches de leche o yogurt. Para evitar siquiera el roce de esos productos entre fríos, mojados, y olorosos (acá te damos la derecha) realiza las compras acompañada de su hija, a quién le delega la “ardua” tarea de agarrar los satches y depositarlos en el changuito. (Es de una sinceridad enorme mandar a un hijo a que haga lo que uno no puede, sin explicación lógica de por medio).  

Yo agrego, confraternizándome con Caro, que antes de guardar cualquier sachets, les paso un trapito tratando de tocarlo lo menos posible, al igual que a cada sifón que meto en la heladera. Preseguido, en ese caso, de un breve chorrito sobre la pileta, para lavar el pico por dentro. (?) Ok, sé que no tiene mucho sentido, pero son esas cosas que van de generación en generación. Algunos heredan un idioma tradicional, otros el arte del ajedrez o una receta milenaria. Kiko, hombre encargado de mi educación y padre, me lo dijo un día cuando era chico, y desde entonces sigo hasta la fecha con la practica de “limpiar” el pico tirando un chorro de soda sobre la pileta.   

Continuará.     

Hay algo extraño en este grupo.
Extrañeza que no nos preocupa, más bien nos divierte (menuda cosa).
Y todavía hay mucho más.
       

11 abril 2012

Viaje al Centro de la Psique

#29
Obsesión por el “mote”
¿Sabés cómo la gente te agenda en sus mails?
PorRodríguez

Me obsesiona ver con qué nombre la gente me agenda en sus mails.
Esto es muy simple, al recibir un mail grupal con copia abierta, se puede ver con qué nombre, sobrenombre, apodo, alias, mote, motete o signo característico esa persona guarda tu contacto en su casilla de mail. Cosas como “Carlos amigo de Juanchi del Estrada”, “Miguel Ángel novio de Gise, actualmente separados”, “Maru Rojas -Actriz-”, Julieta (amiga de Eva) la rubia”, “Carrera de Primeros auxilios de Raymundo –bicicleta- Martínez”, “Marito (el pibe)”, “Cata, amiga de la hermana de agus que con caro son conocidas de las chicas del fondo a su vez amigas de Juan Cruz, el primo de Tati”. Por sólo mencionar algunos casos.  

Me gusta y me obsesiona a la vez, es divertido y aterrador, ya que uno se puede encontrar con las peores cosas, “Juancho el hermano bobo del Tucu” o quién sabe qué cosas más.
Por ello ojo, ojo como agendan a los contactos porque se ve. Ojo como mandan sus mails, con copia oculta o abierta, a la vista de todos.
Ojo, porque si no toman los recaudos, se ve, todo se ve.

Siempre alertando a la sociedad.
Ok, no hay de qué.

Próximamente, y atravesando ciertos limites, te vamos a enseñar como tomar prestados los teléfonos celulares de amigos, familiares, y allegados sin que lo noten, para ver cómo te agendan ahí.

29 marzo 2012

Viaje al Centro de la Psique

#28
El baño, lugar sagrado
PorRodríguez

Me pone incómodo que me hablen cuando estoy en el baño, en el mejor momento de la “necesidad” sea lo primero o lo segundo.

¿Por qué me tienen que gritar desde afuera? ¿No ven que estoy en el baño, no ven que está la puerta cerrada y no se escucha bien? ¿No ven que estoy ocupado? O sea, es verdad, no lo están viendo, pero piensen dos segundos: si estoy en el baño con la puerta cerrada, seguro que debo andar en algo. Algo privado. Algo que prefiero guardarme para mí.
Te gritan preguntando algo, casi siempre dónde está tal cosa, como vos no respondés, insisten, y no te queda más remedio que detener TU momento de intimidad, TU momento de diálogo privado con vos mismo; en el cenit del placer tenés que hablar, tenés que cortar ese lazo que te unía con algo más allá. Tenés que “volver”, “bajar” al mundo ordinario y pensar –obligado- de qué catzo te están hablando, y buscar la respuesta justa para que te dejen en paz, para poder volver lo más rápido posible al lugar donde estabas segundos antes. Ese lugar tuyo. Ese lugar sagrado.

Donde -si es lo segundo- no puede faltar una buena y regia revista de historietas.


27 marzo 2012

Viaje al Centro de la Psique

#27
Algo así como un superhéroe
PorRodríguez

Soy completamente un ignorante en el tema idiomas, en todos, hasta en el inglés (saben -los que siguen el blog- que ni el portugués entiendo) pero por estos días me pasó algo extraordinario. Quizá fue por ver muchas películas y series, no sé,  pero resulta que la otra vuelta, mirando una serie que no viene al caso (bue “Big Bang Theory”) y comiendo a la vez, entendí sin leer. Bajando la cabeza para cortar la milanesa, seguí perfectamente el hilo del diálogo sin perderme, sin tener que parar y rebobinar. 
Fue una sensación magnífica, me sentí poderoso, sentí que una compuerta se abría, un nuevo nivel de percepción, sentí que me estaba convirtiendo en algo así como un superhéroe.

Bueno, quizá me entiendan, quizá me juzguen de exagerado.
Allá ustedes.  
Acá yo y con una gran responsabilidad sobre mis hombros (no todo es color de rosas) porque como saben: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.    

  

18 marzo 2012

Viaje al Centro de la Psique

#26
No todo tiempo pasado fue mejor, pero... con los colectiveros pega en el palo
PorRodríguez
Con la colaboración de Lucilda

A riesgo de pecar de viejo choto, diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, (frase que nunca me gustó), quiero decir que no sé qué carajo les pasa a los colectiveros. No entiendo, no sé, no me entra en la cabeza, por qué van clavando el pedal del freno y el del acelerador a un ritmo frenético, histérico. Sin ningún tipo de reparo, de cuidado, teniendo en cuenta que llevan mucha gente; gente parada, gente amontonada, gente con bolsas, con mochilas y maletines; ancianos con bastones de tres patas, niños, embarazadas, pelados y contadores públicos. 
Pareciera que ex-empleados del viejo y mítico Italpark, (más precisamente los que operaban los “autitos chocadores”) se pusieron todos a manejar colectivos.

Un amigo me dijo que es por los nuevos “coches” (“¿¿Coches”?? ¿¿qué sos? ¡boludo! ¿qué te haces el que hablas en el idioma de los colectiveros? ¿qué decís coches? se dice ¡¡Colectivos!! ¡Colectivos! ¡¿me escuchaste!?), dice que como tienen cajas automáticas, son más toscos, y resulta más difícil que las frenadas y los aceleres sean armoniosos.
Cuando me dijo esto, le presté especial atención al conducir, y quizás sean un poco más duros estos vehículos, pero no me jodan, no manejan con la cautela, la paciencia y la dedicación de antes.
 
Por ello que, insistiendo en que no pretendo realzar lo viejo, ni vanagloriar el pasado por que sí, afirmo: Los colectiveros ya no son lo que eran. Punto, lo dije. 

08 marzo 2012

Viaje al Centro de la Psique

#25
Mormones de la canción:
Cuando un amigo te hace escuchar su canción favorita
PorRodríguez

Situación de mierda cuando un amigo cebado (recontra cebado) te muestra una canción y te dice, -te obliga-, a que la escuches, a que la escuches entera, de pe a pa. Te exige a que dejes lo que sea que estabas haciendo y pongas todos tus sentidos a su disposición. Diciendo cosas como: “¡Escuchá, escuchá!... escuchá la letra,... ... mirá, mirá esta parte … ...” acompañado de un gestito con el dedo índice sobre su oreja.
Y después lo que pensabas que no podía pasar, canta a la par, con cara de loco te mira a los ojos y canta la parte de la letra que más lo conmueve, alternando la cara de loco con una “sentida”, entrecerrando los ojos. Y para colmo la canción no termina más, es el tema más largo del mundo. Vos lo único que querés es salir de esa situación, querés escaparte, querés salir corriendo, pero no, por respeto, por la estima que le tenes, te quedas. Te quedas y resignado escuchas la canción entera. Quizá hasta te gusta. O sea, el problema no es ese, es muy probable que el tema esté bueno, lo que resulta insoportable es la situación, que te fuercen a escucharla, y no a escucharla así nomás, no! Tenes que prestarle atención, estando en el barullo de un asado medio “picados”; o en una fiesta entre mucha gente, humo y poca luz; o lo que resulta más incómodo, estando solos, solos en SU casa. Él cantándote a vos. Y vos con la presión de que te guste, con la presión de asimilar la canción de un momento para otro. Teniendo que poner cara de atención, y prestarla de verdad. Teniendo que poner cara de “que buena”, cara de “sentir” la letra.
Demasiado para mi.

Las cosas pasan cuando pasan, hay momentos distintos para cada uno.
La imposición de cualquier cosa en realidad te tira para atrás. Como los mormones o los evangelistas que van casa por casa queriéndote meter la palabra de dios, estos amigos te quieren convencer que ellos escuchan buena música, mientras que vos estás en la boludes, ellos tienen la posta.  

Es un problema que tenemos, en general, no sólo recomendar sino “obligar” al otro a que escuche una canción, a que mire tal o cual película. ¿Por qué cuando hablamos de películas, le decimos al otro “¿¿no viste esa película?? ¡¡Tenes que mirarla chabón!!”
¿Por qué esa cosa de querer imponerle al otro sus “temas”? ¿Por qué? Es pedante, creemos que nos la sabemos todas, recomendando películas raras, de países exóticos, o del año de jopo. Nos gusta saber algo que el otro no, y lo usamos como un arma, como nuestro caballito de batalla. No estamos solamente recomendando, estamos poniéndonos por encima, diciendo “mirá que capo que soy, mirá que películas copadas que veo, y que canciones comprometidas con la causa que conozco papá”.

Somos despreciables.

Pero el peor en su especie es el recientemente mentado amigo que te acorrala  “invitándote” a escuchar su canción favorita.